Seattle. Evergreen state, evergeek trip

Si vas a Seattle es inevitable, como sucede con Nueva York, recordar los paisajes de innumerables series y películas. Así, este viaje estuvo marcado por series de nuestra infancia como Twin Peaks (aún no entiendo cómo nuestros padres nos dejaban verla) y de hoy como The Big Bang Theory. El primer fin de semana en el estado siempre verde estuvo marcado por los escenarios naturales que vieron morir a Laura Palmer.

Tras el deshielo, las cataratas de Snoqualmie Park están en pleno apogeo

Tras el deshielo, las cataratas de Snoqualmie Park están en pleno apogeo

La visita al parque Snoqualmie, famoso por sus imponentes cascadas, hasta la saciedad visionadas en la serie de David Lynch, merece realmente el perderse por las autovías americanas. Con la suerte de llegar al comienzo el deshielo, la ingente masa de agua que se precipita proporciona una visión hipnótica desde el otro lado de la montaña. Decenas de turistas se fotografían desde los miradores que hay justo enfrente del famoso Hotel del Norte. Y, aunque cientos de metros salvan la distancia, notas la fuerza de la naturaleza en la cara en forma de vapor de agua.

Tras observar la catarata, husmear los alrededores del hotel y leer los paneles explicativos sobre cómo consiguen extraer energía de la fuerza del agua, el hambre aprieta. Lo mejor es seguir el instinto freak e ir en busca de la doble T. El restaurante Twin Peaks Cherry Pie espera con su aspecto de típico diner americano, sillones de skay, camareras de inmensas carnes y sonrisas y un buen trailer cargado de troncos aparcado en la esquina.

Twin Peaks Cafe

Twin Peaks Cafe

La carta del Twin Peaks no desmerece las flores que le tiraba Cooper, el agente protagonista de la serie de televisión. Como no podía ser de otro modo, había una hamburguesa con el nombre del famoso pueblo fictício de Seattle a la que no pudimos resistirnos. Aunque, tras la llegada del mastodonde de carne y patatas es como para pensárselo dos veces. La respuesta fue desabrocharse el pantalón y ‘pico y pala’.

Algo digno de mención es la costumbre de los locales de servir agua fresca gratis y sin necesidad de pedirla. Aunque hayas consumido otra bebida, tu vaso lleno de agua está asegurado. Mas con estos platos, es cuestión de vida o muerte. Aún así, y tras superar los sudores, no podíamos marcharnos sin probar la archifamosa tarta de cerezas que tanto le gustaba al actor fetiche de Lynch. Nuestra camarera no podía creerlo. Pero sí. Ahí estaba, la cherry pie bien calentita y con nata:

Y la camarera después de esto dijo: "You guys did it good!"

Y la camarera después de esto dijo: “You guys did it good!”

Con doble de carne, como no, y cuatro tipos de queso y bacon.

Con doble de carne, como no, y cuatro tipos de queso y bacon.

Para digerir este culto a la exageración culinaria yanqui qué mejor que un paseíto y un café. La mejor opción era acercarnos al Down Town y hacer una parada obligada: el Pike Place Market, con su famosa pescadería donde un empleado lanza la pieza entera al cliente que tiene la posibilidad de coger al vuelo el pez que acaba de adquirir. Un espectáculo que corean decenas de turistas cámara en mano y que se ha convertido en todo un hito de la ciudad. Justo enfrente, el Starbucks original, el único cuyo logo mantiene los pechos de la sirena. El mismo café que en cualquier otro Starbucks, sólo que más caro y con una cola de espera que sale fuera del local.

Pero no sólo la ficción puso en el mapa la ciudad de Seattle. La realidad más puntera, la que tenemos en cada esquina de nuestras casas también hace que la ciudad siempre verde sea conocida como el hogar de Microsoft. Hasta aquí se vino Bill Gates para instaurar su imperio y, poco a poco, casa a casa, prácticamente se hizo con un mini pueblo, una pequeña villa con sus calles y calzadas y casas que pertenecen, casi por completo, al genio de Windows. La visita a la villa de Microsoft es libre hasta cierto punto: puedes pasear por los jardines y los lagos, así como visitar el museo de los fundadores y la tienda de regalos. Y al igual que el amor está en todas partes, el friquismo embriaga este viaje y entramos así en los territorios del gran Bill para conocer a una persona encantadora, nuestro amigo Scott, un fanático de Star Trek y El coche fantástico, gracias al cual pude ver Microsoft por dentro. Me llevé alguna sorpresa agradable: el ambiente de trabajo en este tipo de empresas nada tiene ver con lo que conocemos el resto de mortales. Que no estés clavado ocho horas al día frente a la pantalla del ordenador no significa que no rindas en tu trabajo y para muestra un botón. O mejor dicho, una espada Jedi:

Desatando la friqui que llevo dentro: 'Por la comarca!' xD

Desatando la friqui que llevo dentro: ‘Por la comarca!’ xD

Un guiño a nuestro amigo Scott, el Jedi Knight (no es coña, lo es)

Un guiño a nuestro amigo Scott, el Jedi Knight (no es coña, lo es)

Un poco más relajados se puede comprobar que Seattle es más que Seattle y enormes construcciones que vemos por televisión en series y filmes: visitas muy recomendables son los pueblos de Kirkland, Redmond o Fremont. Kirkland, además de ser un pueblecito perfecto para jubilarse, tiene un muelle y unas terrazas a la orilla del lago por las que parece que no pasa el tiempo. Tranquilidad a raudales y un montón de buenos sitios donde tomar el brunch como Hector’s o relajarse con un café helado.
Redmond, o la ciudad dormitorio de los trabajadores eventuales de Microsoft, es un pequeño pueblo cuya fundación data de 1871, así que no es el lugar idóneo para buscar ruinas o construcciones antiguas. Eso sí, tiene un paseo agradable por su escueto casco viejo. Y por fin Fremont, que no llega a ser un pueblo en sí, si no uno de los barrios de Seattle, el alternativo y hippie por antonomasia. Aquí sí hay unas cuantas citas obligadas como The center of the Universe, el Troll de Fremont o la estatua de Lenin (sí, de Lenin) que demuestra el carácter abierto de la gente de este barrio del estado de Washington.

Según ellos, el centro del Universo

Según ellos, el centro del Universo

Los muelles de Kirkand y la calma al atardecer

Los muelles de Kirkland y la calma al atardecer

A mi espalda el famoso troll de Fremont, bajo el puente que nos devuelve al Down Town

A mi espalda el famoso troll de Fremont, bajo el puente que nos devuelve al Down Town

Después de la travesía freak por la barriada de Seattle nos entran ganas de pasar un día de auténtico relax en la playa. ¿Playa? Sí, en Seattle podemos encontrar alguna beach cerca de la civilización a las que podemos llegar dando un paseo. ¿Andar por Seattle, la ciudad hecha para los coches? Pues sí, aunque te miren como un bicho raro, porque lo hacen ya que te mueves a pata, caminando llegas a sitios que merecen mucho la pena como Chism Park Beach, en Bellevue. La parte de parque hace más justicia al nombre del lugar ya que la playa es como unos diez metros cuadrados de arena de parque para niños pero el lugar es espectacular: pudimos presenciar desde el aterrizaje de un hidroavión en mitad del lago Washington, hasta cómo los lugareños emplean su tiempo libre sobre una tabla surf o recorriendo la costa en moto acuática. Algún que otro perro salvando del agua las pelotas de goma que sus dueños se empeñan en tirar una y otra vez (parece adivinarse en la mirada de los animales una mezcla de alegría por el bañito y algo de incordio por el tener que mojarse de nuevo).

Tomar el sol en el estado donde siempre llueve es posible

Tomar el sol en el estado donde siempre llueve es posible

Chism Park Beach en el lago Washington

Chism Park Beach en el lago Washington

Y cómo no, el viaje a Seattle comenzó friqueando y termina así, haciendo honor a otra de nuestras series favoritas, The Big Bang Theory. Esta noche iremos a cenar a The Cheesecake Factory, que poco se parece a los decorados de la serie de Leonard y Sheldon, pero nos rendimos a la tartita de queso original de la que tanto hablaba nuestra camarera favorita, Penny, Penny, Penny.

Y la Red Velvet para llevar! Otro pecado made in The Cheescake Factory

Y la Red Velvet para llevar! Otro pecado made in The Cheescake Factory

Y de postre, la mejor tarta de queso del mundo (después de la de la madre, of course)

Y de postre, la mejor tarta de queso del mundo (después de la de la madre, of course)

Todas las fotografías son propiedad de (c)Elisa Coello/@NPRubia 2013

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