Ole, Ole y… ¡Huele!

¿Antitoros o antitaurinos? Es la pregunta que se nos presenta una vez más por estas fechas cuando el barrio de Las Ventas recibe la feria de San Isidro. Este año también, 150 toros de lidia serán sacrificados en la primera plaza de España para regocijo de aficionados, toreros, apoderados, comerciantes, escanciadores de cerveza y dueños de los tenderetes apostados en los alrededores. Al otro lado, los defensores de los derechos de los animales, los Verdes y demás proanimales que se manifiestan, bien desnudos, bien de chulapos, ensangrentados emulando el sufrimiento de los rumiantes.

Ambiente taurino en la plaza de Las Ventas durante la festividad de San Isidro

Ambiente taurino en la plaza de Las Ventas durante la festividad de San Isidro

Pero hoy no vamos a hablar de los pros y los contras de la llamada por algunos ‘fiesta nacional’, ni es el día de posicionarse ni de juzgar si el toro sufre o no, si es el precio a pagar por la buena vida que lleva hasta el día que llega a la plaza. Tampoco de si es o no una seña de identidad ibérica o una salvajada propia de épocas ya pasadas. Ni si quiera eso.

Incluso vamos a obviar que, aún con la crisis económica que sufre el país desde hace años, que ha provocado que nuestros gobernantes priven de una excelente sanidad y educación a sus ciudadadanos, las corridas de toros y el negocio que se mueve a su alrededor reciban aún más ayudas económicas del Estado. Tampoco hablaremos de eso.

Pintada vista en una calle a escasos 300 metros de la plaza de toros de Las Ventas

Pintada vista en una calle a escasos 300 metros de la plaza de toros de Las Ventas

Estas semanas de fiesta, porque las corridas no terminan en los días que dura la feria del patrón madrileño, el barrio de Las Ventas experimenta una invasión de auténticos cerdos disfrazados de niños y niñas de cortijo, con sus zapatos náuticos inmaculados y sus bolsos de firma a bordo de las motocicletas que abarrotan las aceras colindantes. Estos apasionados de los toros lo son también de la fiesta previa y posterior al evento que tendrá lugar sobre la arena y que seguirá sobre la acera, bajo las ventanas, sobre los coches aparcados… Cualquier lugar es bueno para rubricar con sus vómitos, sus restos de comida, bebida y otros desechos. No es difícil encontrar a algunos amantes del toreo meando en la calle a cualquier hora del día. Y cuidado con recriminarles porque soltarán un sonoro y gesticulado “va por ustedes”.

Y sí, esto es cultura y es muy español. No el toreo y salir a hombros por la puerta grande, si no ponernos en la trasera a mostrar las vergüenzas. Aquí somos todos iguales, pijos o no: nos meamos en la puerta de nuestros vecinos por eso mismo, porque no es la nuestra. Ya vendrá otro a limpiar. Que lo haga otro.

©Ni un pelo de rubia/Elisa Coello 2013

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