Joven, soltero, 30 años busca…

  • España es el undécimo país europeo en la lista de jóvenes adultos que aún no se han independizado
  • Casi el 38% de los jóvenes adultos en España aún viven con sus padres
  • La edad media de emancipación es de 29 años

¿Somos más familiares y nos cuesta cortar el cordón o es que no tenemos un duro? Estamos hartos de escuchar a nuestros padres cómo nos sermonean y nos comparan con su época. De cómo cuando ellos tenían nuestra edad ya llevaban años ahorrando para comprarse una casa, estaban casados y con hijos en camino o ya caminando. Y no somos indiferentes pero, ¿qué podemos hacer en este país? “Estamos en tiempos de crisis, la cosa está muy mal, ¿cómo van a independizarse?” Así relata Adela, madre de Alejandro, un joven de 27 años licenciado y en paro desde hace ocho meses, la situación actual. Esta actitud proteccionista fomenta el estancamiento de los jóvenes que, como Alejandro, no ven una fácil salida del hogar familiar. “Nunca he tenido un trabajo de jornada completa y ganando 600€ no puedes pagar un alquiler”. alquiler

Si nos fijamos en el mapa, podemos ver que también para esta estadística sigue habiendo una invisible línea que divide las dos Europas: el norte, con sus políticas de ayuda a la emancipación para los jóvenes, políticas de fomento para el alquiler y el castigo a los dueños que no alquilan los inmuebles vacíos; y el sur, con sus hipotecas  ‘de por vida’, sus intratables tipos de interés y tres millones de casas deshabitadas. Cero ayudas a los jóvenes que quieren alquilar y desprotección al propietario que se siente en una ruleta donde un inquilino que no pague se convierta en una pesadilla de denuncias, desahucios y el temido  ‘¿cómo estará la casa cuando la volvamos a ver?’

La cultura consumista de comprar de todo, hasta un inmueble, les vino muy bien a unos pocos en el ‘boom’ inmobiliario. Curiosamente esta mentalidad nos ha llevado a alargar la edad de emancipación hasta los 29 años. Este dato empeora ante la precariedad laboral y la deficiente oferta a los jóvenes, tanto en el mercado laboral como en el formativo. La causa principal que frena la salida del nido parental es la falta de unos ingresos estables que garanticen el sustento. Mientras, los jóvenes se acomodan a una situación que tanto ellos, como sus padres, han asumido como algo normal.

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