ARCO para todos, todos para ARCO

Aún conservo la resaca positiva después de mi visita a ARCO, la feria internacional de arte contemporáneo celebrada esta semana en Madrid. La impresión que me llevo de este certamen, el primero para mí, es verdaderamente positivo. No sé si porque mis expectativas estaban a medio gas por el sabotaje mediático que se hizo desde las semanas previas a la inauguración, pero todos los malos augurios se desvanecieron ya en los primeros expositores.

Con un gran protagonismo para las galerías españolas (aunque muchas faltaron ya que la exhaustiva selección las dejó fuera) que no defraudaron, los austriacos, alemanes y japoneses destacaron con apuestas un tanto transgresoras y arriesgadas, sin olvidar a los invitados de honor de Rusia.

El éxito de la trigésima edición de ARCO lo corrobora el número de personas que dejaron su huella durante los cuatro días que ha durado la feria. Más de 150.000 visitantes, entre profesionales y aficionados, asistieron a esta fiesta de un arte que, más allá de decorar la paredes de fundaciones, empresas o mansiones de bolsillos adinerados, busca la denuncia social, molestar la tranquilidad imaginaria que vivimos o una ilusión fugaz, pero igualmente intensa.

ARCO 2011 ha sido un éxito también para los artistas congregados en los pabellones 8 y 10 de IFEMA. Los ‘puntitos’ rojos plagaban los carteles informativos de las obras (cuyos precios era invisibles) y algunos ‘fardaban’ incluso de haber sido adquiridos por grandes emporios como Coca Cola. Supongo que debe ser inevitable sucumbir a la tentación de presumir. Comprensible.

Durante casi cinco horas vagué por los pasillos entre escultura, pintura y arquitectura, como el resto de personas que, también en mis fotografías, forman parte ya del arte mismo. De hecho, cedí ante la imposibilidad de ver una obra en soledad y decidí incluir aquellas otras miradas que, como yo, disfrutaban del momento. Algo que los VIP no podrán tener nunca. El arte es del pueblo. Incluso el caro. Y no lo digo por los precios de las obras. La entrada básica de ARCO costaba 32 euros. Irrisorio para una experiencia que sigo disfrutando hoy.

Foto: (c) Elissä Halsson Hjul/2011

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