Gran Wikileaks

Casi dos meses después del gran ‘destape’ mundial que nos brindó el antiguo hacker, Julian Assange, parece que todos esos secretos han pasado a un segundo plano. En su momento, Wikileaks parecía ser más de lo que en realidad ha resultado ser. Lo que esta lluvia de secretos ha desvelado son los tejemanejes y chismorreos de altos cargos, políticos y gobernantes que, antes del escándalo, eran ya ‘vox populi’.

Aunque la intención de Assange fuera bien loable, permitir a la sociedad poder acceder a la totalidad de la información que manejan sus representantes, la verdad es que ha denigrado en un puro cotilleo de altas esferas. Porque, lo que Alberto Ruiz Gallardón (Alcalde de Madrid) opinara sobre Esperanza Aguirre (presidenta de la misma Comunidad) no tenía que venir a contárnoslo ninguna fuga 2.0. Tampoco necesitábamos de un ‘cablegate’ para saber que por la aprobación de Estados Unidos pasamos todos. Ni el cedé de Lady Gaga nos ha desvelado ninguna primicia sorpresiva al decirnos qué opina el Partido Popular de su lider, Mariano Rajoy.

Pero, ¿realmente el ciudadano necesita de ese chismorreo barriobajero y quisquilloso? Parece ser que sí ya que, uno de los cinco diarios agraciados con el poder de desvelar, EL PAÍS, se vanagloria hoy mismo de haber superado las ventas durante el mes de diciembre, días fuertes de la fuga de datos del gobierno norteamericano, colocándose lider por delante de El Mundo y ABC, segundo y tercero respectivamente.

Es posible que no sólo las señoras enruladas y envueltas en una bata-manta sean las únicas consumistas del cotilleo tan típico de nuestro país. Puede que el españolito de a pie se vea ya tan reflejado en la vanalidad televisiva de la Esteban que busque las debilidades de sus líderes porque, que la vecina se desquicie está muy visto pero, que sea la estabilidad mental de Cristina Fernández de Kischner la que esté en entredicho… Ya que los mortales no pueden alcanzar a los intocables, que bajen ellos y se revuelquen en la misma mierda.

Es una verdadera lástima que, un auténtico adalid de la libertad de expresión como puede ser el líder australiano de Wikileaks, vea su criatura convertida en un simple patio de vecinos donde lanzarse las miserias los unos contra los otros. Pero, eso sí, estos vecinos no te rayan el coche con la llave comunitaria para vengarse.

Ya veremos qué opinan David Fincher o James Cameron (o qué les dejan opinar).

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