Salomé muerde el polvo

Tenía la esperanza puesta en las nuevas generaciones, esas que dejarían atrás a aquellas que creían que por ser hombre eres mejor que la mujer igual que por ser blanco eres mejor que un negro. Pero después de escuchar al Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, famoso por sus sentencias ejemplarizantes basadas en la enseñanza y no en el mero castigo, mi esperanza flaquea. Según Calatayud, “los chavales son cada vez más machistas y con un sentido de la posesión tremendo”. De hecho,el magistrado habla de haber dictado órdenes de alejamiento entre “parejillas de 12 y 13 años” de edad. Al igual que él, pienso que es muy triste pero, además, frustrante. ¿Qué es lo que está fallando?

Cuando veo este tipo de comportamientos en personas tan jóvenes no puedo evitar pensar de dónde viene todo esto. Creo que sólo entendiendo el origen podremos algún día erradicar la violencia injusta y sinsentido contra las mujeres. Hace varios días que me rondan por la cabeza imágenes e historias de mujeres ‘malas, malísimas’ que han sido protagonistas a lo largo de la Historia y han formado parte del mito y la religión. Debe ser que estamos tan cerca de la Navidad que me he acordado de María Magdalena e incluso de Eva. ¿Cómo no voy a pensar en la Navidad, si las luces de El Corte Inglés me persiguen desde hace casi un mes? En fin, como decía, he pensado en estas mujeres y en otras como Salomé o Dalilah. También nos ha hecho mucho daño la repetitiva programación de las televisiones en estas fechas, que reponen hasta la saciedad las archiconocidas historias bílblicas, sazonadas con Ben-Hur y La vida de Bryan.

Y es en mis momentos de pensar y pensar cuando caigo en la cuenta de lo malas que hemos sido las mujeres desde tiempos de maricastaña. Ya en la Biblia los hombres se han encargado de recordárnoslo: por si a alguien se le había ocurrido creer la versión que Dan Brown ofrece en su Código Da Vinci, Magdalena dista mucho de ser la esposa y amante de quien vosotros ya sabéis. No. Era una fulana de tres al cuarto. Una prostituta, una meretriz, una mujer que se dio a la mala vida y tuvo la gran suerte de ser salvada por Jesucristo para acabar por ungirle los pies con sus propios cabellos. (Mujeres 0 – 1 Hombres).

Unos cuantos años antes, como al principio de los tiempos, cuando Dios Todo Poderoso se divertía experiementando al extraer mujeres de costillas ajenas, Eva sirvió para escarmentar a toda aquella fémina que  osara desafiar la palabra del hombre. ¡Alah!, expulsados del Paraíso y condenados a una vida mortal llena de sufrimientos y penurias. Y todo por culpa de Eva, por ser mujer, por no saber contenerse. Por ser tentada. ¿Tentada por qué? Por una serpiente. Qué casualidad, un bicho malvado, femenino, que se arrastra, que ataca de manera mortal, de lengua bífida repleta de veneno. Que levante la mano la que no haya sido atribuida con alguna de estas características. (Mujeres 0 – 2 Hombres).

Qué más podemos decir de nuestras malvadas mujeres antepasadas. Es inevitable no acordarse de Salomé. Volvemos a la Biblia. Sin menospreciar a Juan el Bautista, que parecía un tío majo. La bella princesa se gana todas las antipatías: zalamera ella consigue el beneplácito de su padrasto mediante un baile donde abusa de sus armas de ‘femme fatale’. La primera en la frente: ya cargaríamos siempre con el San Benito de que las mujeres si conseguimos algo, es por nuestros encantos a la vista de los ojos varones. Salomé, malvadísima ella, consigue el regalo que se le antoje e, inducida por su malísima madre (claro está, una mujer mala mala tenía que estar detrás) pide la cabeza del pobre Juan, que ahí estaba bautizando cristianos sin hacer daño a nadie, nada menos que en una “bandeja de plata”. Otra más. Las mujeres siempre tan superficiales, siempre tan urracas. Además de pedir encaprichadas, siempre tiene que haber joyas de por medio, si no, no se las contenta. (Mujeres 0 – 3 Hombres).

La Navidad y su repetitiva y anticuada programación tienen la culpa de que a mi mente haya vuelto el recuerdo de otra bruja histórica: Dalilah. Otra mujer hermosa e irresistible que, por órdenes esta de vez de un hombre, se dedicó a seducir al héroe del momento, Sansón. La maliciosa filistea engatusó al pobre iluso llamado a dirigir a su pueblo haciendo que olvidara sus deberes. Con sus malas artes, Dalilah consiguió el secreto de la fuerza de su amado y, entonces, lo traicionó cortándole sus cabellos, como todos sabéis, entregándolo a los filisteos. Mala, mala, mala, ¡eh! (Mujeres 0 – 4 Hombres).

Después de hacer este, espero no demasidado tedioso, recorrido por la vida de las perras de nuestra Historia, ¿de qué os sorprendéis, mujeres del mundo del siglo XXI? ¿Por qué ponéis el grito en el cielo? ¿No comprendéis ahora que desde y durante los siglos de los siglos (Amén) a los hombres se les ha inculcado la soberana idea de que, no sólo son superiores a la mujer y deben someterla, si no que, además, ellas se lo merecen por rameras (Magdalena), desobedientes (Eva), caprichosas (Salomé) y traidoras (Dalilah)? Lo que también queda claro es que, esos hombres que han lanzado las Sagradas Escrituras a los cuatro vientos, sabían que las féminas estarían escuchando. ¿Os extraña ahora que el dominio machista continúe en nuestros jóvenes que, con 12 y 13 años reciben órdenes de alejamiento por maltrato? ¿Os sorprende que el machismo continúe y perpetúe su veneno en la sociedad moderna? Lo seguirá haciendo si las mujeres siguen creyendo que merecen lo que reciben, si creen lo que ellos les espetan desde sus lenguas bífidas, cargadas de veneno.

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